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La American Cancer Society financia premios Nobel. También lleva pacientes a quimioterapia.
Detrás de las becas de investigación hay 1,3 millones de voluntarios haciendo lo más simple: manejar hasta el hospital y sostener 31 albergues gratuitos.
Por The Pennygood team · Aug 2026 · 5 min de lectura

Cincuenta y tres investigadores financiados por la American Cancer Society terminaron ganando un premio Nobel. La organización lleva invertidos más de 5.000 millones de dólares en investigación oncológica desde 1946 y es el mayor financiador no gubernamental y sin fines de lucro de esa investigación en Estados Unidos. Nada de eso sirve demasiado si no tienes cómo llegar a la clínica el martes a la mañana, o si no puedes pagar un hotel cerca del hospital durante las ocho semanas que dura tu tratamiento.
Empezó porque nadie decía la palabra
Diez médicos y cinco personas ajenas a la medicina se reunieron en Nueva York el 22 de mayo de 1913 y fundaron la American Society for the Control of Cancer. El problema que querían resolver era el silencio: en esa época un diagnóstico se leía como una sentencia, los médicos a veces no le decían al paciente lo que tenía y el paciente no se lo decía a nadie. Por eso las primeras campañas no fueron médicas. Escribieron en revistas populares y en publicaciones profesionales, sacaron un boletín mensual llamado Campaign Notes y reclutaron médicos en todo el país para que hablaran del tema en público.
De ahí en adelante el trabajo lo sostuvo el voluntariado. El Women's Field Army, creado en 1936, fue una fuerza voluntaria que amplió muchísimo la participación de la gente y la recaudación. En 1945 la organización se reorganizó con el nombre de American Cancer Society y en 1946, con la ayuda de la filántropa Mary Lasker, reunió más de 4 millones de dólares y puso en marcha el programa de investigación que le dio su fama. La mitad voluntaria nunca desapareció: hoy la entidad cuenta con unos 1,3 millones de voluntarios.
Lo que Margot Freudenberg trajo de Nueva Zelanda
De viaje por Australia y Nueva Zelanda con el programa People to People del presidente Eisenhower, Margot Freudenberg —referente del mundo médico y empresarial de Charleston y voluntaria de la organización— vio una casa pensada para alojar pacientes cerca de su tratamiento. El cáncer ya había pasado por su familia. Volvió decidida a construir una y en 1970 abrió el primer Hope Lodge, en Charleston, Carolina del Sur. La organización la describe como su voluntaria con más años de servicio, todavía activa en el programa a los 105 años.
Hoy hay 31 comunidades Hope Lodge en Estados Unidos y Puerto Rico, con cerca de 1.100 habitaciones privadas, y quedarse no cuesta nada. Desde aquella primera casa se llevan entregadas unos seis millones de noches de alojamiento gratuito. En agosto de 2026 la organización cifró la escala actual en más de 36.000 pacientes y acompañantes por año y más de 85 millones de dólares ahorrados en alojamiento. Por qué importa: un tratamiento suele durar de seis a ocho semanas, la propia organización calcula que solo el alojamiento puede llegar a 17.000 dólares y una habitación de hotel en una ciudad como Chicago ronda hoy los 320 dólares la noche.
Lo que mantiene funcionando un Hope Lodge es poco vistoso y casi todo voluntario. Hay gente que cocina y sirve la comida, arma noches de juegos, arregla lo que se rompe, cuida el jardín y, en algunas sedes, lleva a los huéspedes a sus turnos médicos. Se puede dar un solo día o quedarse años.

Catorce centavos por milla
El otro programa logístico es Road To Recovery: conductores voluntarios capacitados que llevan al paciente al tratamiento y lo traen de vuelta, gratis. Los viajes se coordinan por la línea de ayuda que atiende las 24 horas, 1-800-227-2345, y piden llamar con varios días hábiles de anticipación para poder asignar un conductor.
Los requisitos para manejar son específicos más que exigentes. Hay que tener entre 18 y 84 años, licencia vigente y seguro adecuado, acceso a un auto seguro y confiable, aprobar la verificación de antecedentes y del historial de manejo, manejarse bien con la tecnología de agenda y completar la capacitación. La frecuencia la elige cada uno: dos veces al mes, una vez por semana, más. No hay pago; el único dinero que aparece va en sentido contrario, en la deducción impositiva de 14 centavos por milla recorrida para una organización benéfica.
La organización es poco habitual en su franqueza sobre el faltante. Dice sin rodeos que no tiene suficientes voluntarios para responder a todos los pedidos y que, por eso, algunos pacientes se quedan sin viaje.
El resto de la maquinaria
La investigación no bajó el ritmo en 2024: solo entre agosto y diciembre se otorgaron 245 becas nuevas o renovadas a investigadores de 106 instituciones, por más de 98 millones de dólares, con lo que la inversión del año en investigación nueva superó los 132 millones. La organización informa que el 81% de sus recursos financieros va directamente al trabajo de su misión, y tiene cuatro estrellas de Charity Navigator, el sello National Charity de la BBB Wise Giving Alliance y el sello Platinum de transparencia de Candid.
Ser voluntario no es solo manejar o cocinar. ACS CARES conecta a voluntarios capacitados con pacientes y cuidadores que necesitan hablar con alguien, Relay For Life y Making Strides Against Breast Cancer los sostienen en gran medida organizadores locales, y las Discovery Shops —tiendas de reventa cuyos ingresos van a la misión— funcionan con personal voluntario.
Si quieres ayudar
Las donaciones se hacen por los canales propios de la organización, en cancer.org. Los puestos de voluntariado, entre ellos Road To Recovery y Hope Lodge, se publican y se solicitan en volunteercommunity.cancer.org. Y si tú o alguien cercano necesita la parte práctica —un viaje, una cama, una voz al teléfono a las dos de la mañana—, para eso está el 1-800-227-2345.
Si le quitas a una organización de este tamaño todo lo institucional, lo que queda son personas concretas: un jubilado que lleva a un desconocido a radioterapia dos veces al mes, alguien que cocina el martes en una cocina compartida. Pennygood se hizo pensando en ellas: un lugar donde una comunidad puede darle a una sola persona un apoyo mensual pequeño y sostenido por el bien que hace sin ruido. La American Cancer Society no está en Pennygood y este texto no es una vía para donarle. Pero si tú eres quien hace ese tipo de trabajo, puedes abrir tu página en pennygood.me.