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La American Heart Association y los voluntarios que deciden qué ciencia se financia
Desde un concurso radial de 1948 hasta los comités de revisión actuales, la American Heart Association deja sus decisiones más importantes en manos de voluntarios.
Por The Pennygood team · Sep 2026 · 4 min de lectura

En 1948, un programa de radio pidió a su audiencia que adivinara la identidad de un hombre al que solo se le oían los pasos. Llegaron más de dos millones de cartas, la mayoría con unas monedas dentro: unos 70 centavos en promedio. El concurso, "The Walking Man", del programa Truth or Consequences de Ralph Edwards, recaudó más de 1,5 millones de dólares antes de que una oyente de Richmond, Indiana, acertara que los pasos eran de Jack Benny. El dinero fue a parar a una organización poco conocida que acababa de decidir dejar de ser un club cerrado: la American Heart Association.
Una sociedad de médicos que abrió sus puertas
La asociación se fundó el 10 de junio de 1924 en Chicago, de la mano de seis cardiólogos convencidos de que la investigación podía volver tratable la enfermedad cardíaca. Uno de ellos, Paul Dudley White, describió después aquella época sin rodeos: vivían, dijo, en un tiempo de ignorancia casi increíble sobre el corazón.
Durante sus dos primeras décadas siguió siendo lo que era al nacer: una sociedad profesional de médicos. El giro llegó en 1948, cuando se reorganizó como una organización nacional de salud de carácter voluntario e incorporó a propósito a voluntarios ajenos a la medicina, gente con oficio en negocios, comunicación, educación pública, organización comunitaria y recaudación de fondos. El concurso del hombre que caminaba fue esa decisión llevada a la práctica. Hoy la asociación tiene su sede en Dallas y reúne a más de 35 millones de voluntarios, donantes y simpatizantes en todo el mundo.
Quién elige la ciencia
Desde 1949 la asociación ha destinado más de 6.000 millones de dólares a investigación cardiovascular y de accidentes cerebrovasculares, y atribuye a ese financiamiento el respaldo al trabajo de 15 científicos que después ganaron el Premio Nobel. Solo en el año fiscal 2025-26 puso en marcha 1.261 proyectos de investigación por 185 millones de dólares.
Lo llamativo es quién los elige. Las propuestas las evalúan científicos voluntarios —investigadores con doctorado en medicina o en ciencias, desde quienes recién empiezan hasta figuras veteranas— reunidos en comités de revisión por pares organizados según el tipo de beca y el tema de investigación. Leen los resúmenes, anotan fortalezas y debilidades, puntúan cada solicitud y luego se sientan a discutirlas; el dinero va a las mejor calificadas. A ningún revisor se le asigna algo en lo que tenga interés propio: nada de su institución, ni de coautores o colaboradores. En el año fiscal 2025-26, los voluntarios revisaron 6.191 propuestas.

Enseñarle a un país a reanimar un corazón
Cada año ocurren en Estados Unidos más de 350.000 paros cardíacos fuera de un hospital, y alrededor de nueve de cada diez personas mueren, en parte porque quienes están cerca inician la reanimación menos de la mitad de las veces. La asociación capacita a unos 22 millones de personas al año en RCP, a través de miles de centros de formación y cientos de miles de instructores, y se puso una meta pública: duplicar la supervivencia tras un paro cardíaco para 2030.
La iniciativa que llama Nation of Lifesavers, con Walgreens como patrocinador nacional, se apoya en los estudiantes. Los Heart Clubs —grupos estudiantiles que arrancaron en el ciclo escolar 2024-25— ya superan los 250 en todo el país. En la última ronda de apoyos, 32 de esos clubes, en 17 escuelas secundarias y 15 universidades de 20 estados y Washington D.C., recibieron ayuda: las universidades obtienen kits de entrenamiento en RCP y 500 dólares para dar sesiones en el campus, y las secundarias pueden recibir hasta 4.500 dólares para armar un plan de respuesta ante emergencias cardíacas.

El resultado se mide de a una persona. En noviembre de 2025, un estudiante de la Locust Valley High School, en Nueva York, sufrió un paro cardíaco súbito durante las pruebas del equipo de básquetbol. Entrenadores y compañeros empezaron las compresiones de inmediato y le llevaron el desfibrilador de la escuela. Sobrevivió.
Si quieres ayudar
Las donaciones y las inscripciones para ser voluntario se hacen en el sitio propio de la asociación, heart.org: ese es el único canal al que te enviamos. Lo más barato que puedes hacer no cuesta más que una tarde: aprender RCP solo con las manos, averiguar dónde está el desfibrilador en los lugares que frecuentas y, si estudias, preguntar si tu escuela tiene un Heart Club.
Vale la pena notar que una organización de este tamaño sigue funcionando gracias a personas concretas que regalan su tiempo: la investigadora que lee solicitudes un sábado, el profesor que revisa las baterías del desfibrilador. Pennygood está pensado justamente para esa gente: un lugar donde una comunidad puede poner unos pocos dólares al mes detrás de alguien que hace el bien sin ruido. La American Heart Association no está en Pennygood y esto no es una manera de donarle; pero si tú haces un trabajo así, puedes abrir tu página en pennygood.me.