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Una hora a la semana, treinta años después: por dentro de Big Brothers Big Sisters

Un experimento de 1991 siguió a 959 chicos. Décadas más tarde, investigadores de Harvard y del Tesoro encontraron a Big Brothers Big Sisters en sus declaraciones de impuestos.

Por The Pennygood team · Jul 2026 · 5 min de lectura

Una hora a la semana, treinta años después: por dentro de Big Brothers Big Sisters

En 1991, un grupo de investigadores inscribió a 959 jóvenes en un ensayo aleatorizado para medir cuánto valía, en la práctica, tener un mentor de Big Brothers Big Sisters. La pregunta era modesta: ¿cómo les iría a esos chicos dieciocho meses después? Tres décadas más tarde, otros investigadores salieron a buscar a esas mismas personas en los registros tributarios federales, y encontraron una respuesta mucho más grande que la pregunta original.

Lo que apareció en los registros tributarios

El seguimiento, anunciado por Big Brothers Big Sisters of America el 27 de enero de 2025, estuvo a cargo de investigadores de Harvard University y del Departamento del Tesoro de EE. UU. Tomaron los registros administrativos de aquel experimento original —realizado por Public/Private Ventures y Mathematica Policy Research— y los cruzaron con datos tributarios que llegan hasta la década de 2020. Los chicos tenían entre 10 y 14 años cuando entraron al estudio. La mayoría venía de hogares monoparentales o vivía con tutores, y más de la mitad pertenecía a minorías raciales.

El grupo con mentor ganó alrededor de un 15% más entre los 20 y los 25 años. Tenía un 20% más de probabilidades de entrar a la universidad. El resultado más desconcertante tuvo que ver con a quién terminaron pareciéndose en lo económico: ya adultos, sus ingresos seguían más de cerca los de su mentor que los de su propia familia, y cerraban hasta dos tercios de la desventaja socioeconómica con la que habían empezado.

Las cuentas son poco habituales para un programa social. Cada vínculo cuesta entre 2.000 y 3.000 dólares al año. Los investigadores calcularon que cada joven con mentor termina pagando unos 7.000 dólares más en impuestos —suficiente para que el Estado recupere lo invertido en menos de siete años— y gana cerca de 56.000 dólares más para cuando cumple 65. Artis Stevens, presidente y director ejecutivo de la organización, describió la mentoría como “un catalizador poderoso para romper ciclos de pobreza”.

Lo que un vínculo te pide de verdad

Detrás de esas cifras no hay un plan de estudios. Hay una persona. Big Brothers Big Sisters une a un voluntario adulto —un Big— con un chico o chica, un Little, desde los cinco años hasta la juventud, y mantiene personal profesional acompañando la relación a lo largo del tiempo. Lo que le pide al voluntario es más o menos una hora a la semana.

El llamado a los voluntarios es deliberadamente poco glamoroso: sin capacitación especial, sin experiencia particular, sin necesidad de ser un superhéroe; basta con alguien que aparezca de forma constante. Ginneh Baugh, directora de impacto, sostiene que ahí está justamente la clave. Mientras la mayoría de las intervenciones apuntan a lo académico, un mentor llega a los obstáculos sociales y de conducta que están debajo.

Un adulto y un joven sentados en un banco de plaza compartiendo sándwiches y conversando, con una pelota de básquetbol en el pasto a su lado
Todo el método, más o menos: una hora a la semana, durante años.

El empleado que veía siempre a los mismos chicos

La idea es vieja. En 1904, Ernest Coulter, empleado del Tribunal de Menores de Nueva York, notó cuántos chicos pasaban una y otra vez por ahí, e intuyó que lo que les faltaba era un adulto estable. Reclutó voluntarios y así nació Big Brothers of New York City. El mismo impulso apareció en otros lados casi al mismo tiempo: las Catholic Ladies of Charity organizaron las Catholic Big Sisters y, en Cincinnati, un empresario llamado Irvin Westheimer armó su propia versión después de ver a un niño con hambre cerca de su oficina. Para 1912 el movimiento ya funcionaba en 26 ciudades.

Un empleado en un escritorio de madera dentro de un viejo tribunal, con pilas de papeles al lado, levantando la vista hacia un niño pequeño que espera solo del otro lado de la sala
Tribunal de Menores de Nueva York, 1904: la observación que lo empezó todo.

Las dos mitades siguieron caminos separados durante casi un siglo. Big Sisters International, constituida en 1970, se fusionó con Big Brothers en 1977 para formar Big Brothers Big Sisters of America. La oficina nacional estuvo en Philadelphia desde los años ochenta hasta 2015, cuando se mudó a Tampa, donde sigue hasta hoy.

Dónde está hoy la red

Charity Navigator registra 243 filiales en los 50 estados y calcula en cerca de dos millones los chicos atendidos en la última década. Le da a la organización nacional cuatro estrellas, con un 92%. Son las agencias locales las que arman los vínculos y sostienen el acompañamiento: justamente la parte que el ensayo de 1991 venía midiendo en silencio desde el principio.

Para ayudar: Big Brothers Big Sisters recibe donaciones directamente en bbbs.org, y las inscripciones de voluntarios se hacen en bbbs.org/become-a-big. Como los vínculos se arman a nivel local, buscar la agencia más cercana desde su sitio suele ser la vía más directa, ya sea que tengas para ofrecer dinero o esa hora a la semana.

Una reflexión final. Lo que esa investigación midió no fue una institución. Fue lo que un adulto comprometido hace por un chico, una y otra vez, durante años. Hay gente así en cada barrio, casi siempre sin ninguna organización detrás y sin recibir nada a cambio. Pennygood existe para ellos: una plataforma donde una comunidad puede sostener con un pequeño aporte mensual a una persona concreta que hace el bien. Si eso te describe a ti, o a alguien que conoces, pennygood.me es donde empieza.

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