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La Surfrider Foundation lleva más de 900 batallas ganadas por la costa. La primera grande fue contra una papelera

Seis surfistas la fundaron en Malibú en 1984. Hoy la Surfrider Foundation tiene más de 250 capítulos de voluntarios, sus propios laboratorios de agua y un recuento público de victorias.

Por The Pennygood team · Aug 2026 · 5 min de lectura

La Surfrider Foundation lleva más de 900 batallas ganadas por la costa. La primera grande fue contra una papelera

A finales de los años ochenta, dos plantas de celulosa ubicadas al norte de la bahía de Humboldt, en California, vertían unos 40 millones de galones diarios de aguas residuales sin tratar al Pacífico. Los surfistas que entraban al agua cerca de la descarga salían con sarpullidos y náuseas. En 1989, un grupo de surfistas voluntarios que apenas tenía cinco años de existencia los demandó.

El juicio que fijó el método

La demanda, presentada bajo la Ley de Agua Limpia de Estados Unidos contra plantas operadas por Simpson Paper Company y Louisiana-Pacific, se resolvió en 1991. La sanción que la Surfrider Foundation consiguió junto con la Agencia de Protección Ambiental fue, en ese momento, una de las mayores impuestas bajo esa ley y la más alta del oeste del país. Las plantas tuvieron que construir instalaciones de tratamiento, extender sus tuberías de descarga mar adentro y estudiar cómo eliminar el cloro del proceso de blanqueo. La planta de Louisiana-Pacific terminó siendo, en 1993, la primera del país en blanquear pulpa kraft sin nada de cloro.

Ese caso fijó una costumbre que la organización mantiene desde entonces: no se limita a limpiar lo que otros ensucian, va detrás del permiso, la ordenanza o la empresa responsable. Las herramientas se ampliaron con los años — audiencias municipales, proyectos de ley estatales, comentarios a normas federales, litigio cuando nada más se mueve — pero la actitud sigue siendo la misma.

Seis nombres en un acta de constitución

Surfrider nació en Malibú en 1984, por la alarma ante la velocidad con que el desarrollo inmobiliario avanzaba sobre Surfrider Beach. La fundaron Glenn Hening, Lance Carson, Tom Pratte, Dan Young, Chris Blakely y Steve Merrill; el acta de constitución se presentó el 22 de agosto de 1984, firmada por Hening como presidente. El nombre lo tomaron del Surfrider Inn de Santa Mónica. La primera victoria llegó al año siguiente, cuando una corte federal les dio la razón frente a un rompeolas proyectado en Imperial Beach, San Diego.

La red de capítulos — lo que en realidad la volvió nacional — vino después. Se formalizó en 1992, con los primeros grupos en el condado de Orange y en San Diego. Eran 28 en 1995 y 62 en 2005. Hoy, con sede en San Clemente, California, Surfrider suma más de 250 capítulos y clubes estudiantiles dirigidos por voluntarios.

Sesenta laboratorios de voluntarios, 10.157 muestras

El programa que la propia organización considera su mayor éxito arrancó en 1990: el Blue Water Task Force. Los voluntarios toman muestras de agua de mar y las procesan ellos mismos en laboratorios de cada capítulo, muchas veces alojados en una escuela, una universidad o un YMCA local. En 2025 esa red analizó 10.157 muestras de 620 puntos de monitoreo a través de 60 laboratorios activos: más sitios y más pruebas que en cualquier año anterior. En 400 de esos 620 puntos, al menos una muestra superó los límites sanitarios.

Una voluntaria en una mesa de laboratorio junto al mar observa a contraluz una pequeña muestra de agua, al lado de un microscopio y con las olas al fondo de la ventana.
Los voluntarios de cada capítulo analizan sus propias muestras: en 2025 había 60 laboratorios activos.

El diseño del programa es deliberadamente poco vistoso: cubre huecos. Los capítulos analizan playas que las agencias estatales y locales dejan fuera, y vigilan las fuentes de contaminación en lugar de solo las zonas de baño: desagües pluviales, desembocaduras de arroyos, embarcaderos de kayaks. Los peores resultados del informe de 2025 fueron Punaluʻu Beach Park en Oʻahu y la desembocadura del arroyo Moloaʻa en Kauaʻi, donde todas las muestras excedieron los límites, seguidos por un embarcadero en Miami Beach con 92% y por Imperial Beach, en San Diego, con 89%: el mismo tramo de costa donde el grupo ganó su primer fallo judicial hace cuarenta años.

Cómo se ve un año de victorias

Surfrider lleva una cuenta pública de las campañas que gana: más de 900 desde 2006. En 2025 anotó 45, de las cuales 14 fueron contra la contaminación por plásticos, 11 sobre agua limpia, 11 sobre resiliencia costera y 6 sobre acceso a las playas en California, Texas, Florida y Hawái. Entre ellas estuvieron la Recycling Reform Act del estado de Washington, la prohibición de pesticidas neonicotinoides en Connecticut y las ordenanzas contra las colillas de cigarro en Santa Cruz y Capitola, California.

El trabajo de campo corrió en paralelo. Más de 23.000 voluntarios sacaron 120.633 libras de basura y reciclables de playas y cuerpos de agua de Estados Unidos en 831 limpiezas. Otros 2.000, aproximadamente, participaron en 76 jornadas de restauración: plantaron más de 40.000 plantas nativas en 22 acres y retiraron 85.000 libras de especies invasoras. En el lado comercial, 646 restaurantes en 30 estados y territorios ya cuentan con la distinción Ocean Friendly Restaurant.

Si quieres sumarte

La puerta de entrada son los capítulos, dirigidos por voluntarios que dicen abiertamente que no buscan solo científicos ambientales: también diseñadores gráficos, organizadores de eventos, contadores. El buscador de capítulos en surfrider.org lleva al calendario y al correo de contacto del grupo más cercano. Para donar, las páginas propias de la organización están en surfrider.org/join y surfrider.org/give; ahí indica que 84 centavos de cada dólar donado van a programas y campañas, 13 centavos a conseguir donaciones futuras y 3 centavos a administración. Charity Navigator le otorga hoy cuatro estrellas con un puntaje de 97%.

Casi todo lo anterior lo hizo gente a la que nadie le pagó: alguien que deja un frasco de muestra en el laboratorio antes de ir a trabajar, alguien que aguanta tres horas de sesión municipal para hablar dos minutos. Pennygood existe justamente para esas personas: permite que una comunidad envíe un apoyo mensual pequeño directamente a alguien que sigue apareciendo. Surfrider no forma parte de la plataforma, y el dinero destinado a la organización va por su propio sitio. Pero si al leer esto pensaste en alguien de tu barrio que hace ese trabajo callado y sin sueldo, en pennygood.me se le puede dar una mano.

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