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La película que necesitaba un número de teléfono: así nació The Trevor Project
En 1998, un cortometraje sobre un chico gay de 13 años iba a estrenarse en HBO. Sus autores buscaron una línea de ayuda para mencionar al final, no encontraron ninguna y la crearon.
Por The Pennygood team · Jul 2026 · 6 min de lectura

El cortometraje Trevor, de 1994, cuenta la historia de un chico de trece años que intenta suicidarse después de que en la escuela se corre la voz de que es gay. Ganó un Oscar. Cuatro años más tarde, cuando HBO programó su emisión nacional, quienes lo habían hecho empezaron a pensar en quién podría estar viéndolo solo en su casa — y se dieron cuenta de que no tenían ningún número al que decirles a esos chicos que llamaran.
Los tres meses previos a la emisión
Trevor fue dirigido por Peggy Rajski, escrito por Celeste Lecesne y producido por Rajski junto a Randy Stone. En los Oscar de 1995 empató como mejor cortometraje de ficción con Franz Kafka's It's a Wonderful Life. De cara a la emisión en HBO, los tres salieron a buscar una línea de crisis que pudieran recomendar al público y descubrieron que no existía: en todo el país no había un servicio disponible las 24 horas pensado para jóvenes LGBTQ. Rajski lo explicó después: en 1998, las identidades LGBTQ no estaban muy representadas ni comprendidas en la cultura general, y las líneas de crisis que sí existían no habían sido diseñadas pensando en esas llamadas.
Así que la crearon ellos, con unos tres meses por delante. Consiguieron el dinero —el capital inicial vino de la Colin Higgins Foundation y de lo que HBO pagó por los derechos de la película— y, en vez de improvisar la parte clínica, sumaron a un experto reconocido en intervención en crisis. La TrevorLifeline abrió el 25 de marzo de 1998: la primera línea nacional de crisis y prevención del suicidio disponible a toda hora para jóvenes LGBTQ en Estados Unidos. Esa primera noche entraron más de 1.500 llamadas desde todo el país.

Cuarenta horas antes de poder atender
La organización tiene su sede en West Hollywood, California, y buena parte del trabajo lo sostienen voluntarios: 2.373, junto a 781 personas en nómina, según cifras de 2023. Sumarse no es cuestión de anotarse y ya. A quienes quieren ser consejeros de crisis voluntarios, Trevor les pide más de 40 horas de formación en línea repartidas en ocho semanas —unas cinco horas semanales— sobre habilidades de acompañamiento, identidad LGBTQ+ y su modelo de apoyo, con simulaciones evaluadas que hay que aprobar antes de poder atender un caso real.
Después de eso, el compromiso es un turno de tres horas por semana durante un año. Hay que tener 18 años o más, estar en Estados Unidos y contar con un espacio privado y una conexión segura, porque las conversaciones son confidenciales. Hoy la mayor necesidad está en el canal digital —TrevorChat y TrevorText—, aunque la postulación general de voluntarios está cerrada por ahora: llegaron más solicitudes de las que la organización puede procesar.
Lo que dijeron 16.000 jóvenes
Trevor también realiza una de las encuestas periódicas más grandes del país sobre salud mental de jóvenes LGBTQ+. La edición de 2025 recogió respuestas de más de 16.000 personas de entre 13 y 24 años. El 36% dijo haber considerado seriamente el suicidio en el último año y uno de cada diez lo intentó; entre las personas trans y no binarias, la primera cifra sube al 40%. Del total que quiso atención en salud mental en el último año, el 44% no pudo conseguirla. Y el 90% dijo que las leyes y los debates anti-LGBTQ+ recientes les causaron estrés o ansiedad.
Los datos más útiles de la encuesta son los que hablan del resto de la gente. Entre quienes viven en comunidades muy receptivas, la tasa de intentos de suicidio fue del 6%: menos de un tercio del 18% que reportaron quienes viven en comunidades muy hostiles. En casa se repite el patrón: entre jóvenes trans y no binarios cuyos pronombres respetaban todos los miembros del hogar, la tasa fue del 7%, contra 18% donde no los respetaba nadie. El riesgo no depende de quiénes son, sino de cómo los tratan.

La opción federal que desapareció
En septiembre de 2022, Trevor empezó a atender consultas a través de la línea federal 988 Suicide & Crisis Lifeline. Cualquier persona menor de 25 años podía marcar la opción 3, o escribir PRIDE por mensaje, y llegar a un consejero formado específicamente para acompañar a jóvenes LGBTQ+. El 17 de julio de 2025, la Substance Abuse and Mental Health Services Administration cerró ese servicio especializado avisando con cerca de un mes de anticipación. Se cayeron la opción 3, la palabra clave PRIDE y el chat dedicado. Según las cuentas de Trevor, el programa había atendido a alrededor de 1,5 millones de jóvenes LGBTQ+ en menos de tres años.
Se espera que algo parecido vuelva: el Congreso destinó 33 millones de dólares a intervenciones de crisis específicas para jóvenes LGBTQ+, y el relanzamiento apunta a fines de 2026. Que lo opere Trevor todavía no está definido: solo pueden postularse los centros de crisis que sean miembros activos y vigentes de la red 988, y Trevor perdió esa condición cuando cancelaron el servicio que ayudó a construir. Su director ejecutivo, Jaymes Black, que asumió en julio de 2024, advirtió que esto amenaza con degradar los estándares clínicos para atender justamente a los jóvenes de mayor riesgo.
Dónde encontrarlos y cómo ayudar
Los servicios de crisis propios de Trevor nunca entraron en ese cierre y siguen funcionando: 1-866-488-7386 por teléfono, la palabra START enviada al 678-678, y el chat en thetrevorproject.org — gratuitos, confidenciales y disponibles 24/7/365. Las donaciones y las campañas de recaudación se hacen directamente en su sitio, igual que las inscripciones para acciones de incidencia y sus sesiones de educación pública; Charity Navigator hoy les da cuatro estrellas, con un 94%. Si cuando entres la postulación de voluntariado está cerrada, las otras puertas siguen abiertas.
Vale la pena detenerse en el hallazgo que atraviesa todo esto. Lo que más movió las cifras en la propia encuesta de Trevor no fue un programa ni una partida presupuestaria: fue gente común y cercana que trató bien a alguien joven. Una casa, una escuela, un barrio. Casi ninguna de esas personas está vinculada a una organización, y nadie va a financiarlas por hacerlo. Pennygood se pensó justamente para ellas: una manera de que una comunidad sostenga con un pequeño aporte mensual a una persona concreta que sigue estando ahí para los demás. Si esa persona eres tú, o alguien que se te viene a la cabeza ahora mismo, se empieza en pennygood.me.